jueves, 11 de septiembre de 2008

EL DUELO


(A Juan, por velar mis sueños)

Siempre vi mujeres vestidas de negro, de negro luto o de negra miseria. El negro es sufrido, aguanta la suciedad, el frío; camufla el tiempo, la edad, lo vivido.

A mi alrededor siempre estuvo la mujer con el pañuelo negro, aquella con la cesta en la cabeza y en ella: ropa, pescado, agua, leche, fruta. Rodeada a su vez, de niños y andar apresurado, con mirada de nadie mas suyos son los ojos que se pierden en alguna parte.

Cuando era pequeña ellos se fueron y dejaron mujeres de negro ¿viudas? No ¿solas? tal vez sí. Dijeron: “volveré con abundante dinero, te sacaré de la miseria, te compraré buena carne, hermosos vestidos y todos llevaremos zapatos, relucientes zapatos que empujarán a nuestros hijos a la escuela”. Ellas lloraron a la despedida de un barco clandestino y no lo hicieron más, las lágrimas se cambiaron por gotas de sudor, sudor de trabajo, sudor de pena, sudor de sexo a solas y falta de amor.

¿Por qué se fueron tan lejos los hombres? siempre me pregunté, a partir de aquella edad que fui capaz de revolver las gavetas privadas de mi madre y vi un pasaporte viejo y sin uso con visado a Venezuela. En la foto la cara de un atractivo hombre joven, demasiado joven para ser todo un hombre, mi padre, él no se fue.

Tan rápido fui capaz de husmear como de buscarme en el mapa. Tan pequeño mi archipiélago, tan grande mi continente, tan lejos ese país que dicen nuestro, tan olvidados de todos y a la vez, terruño tan deseado al extranjero. Por qué cruzar este inmenso Atlántico, si casi podemos tocar el desierto, por qué no alcanzar el mediterráneo y pedir favor a quien dice ser “el dueño”. Luego comprendí donde estaba la muerte y lo ajeno.

Las mujeres de delantal blanco sobre el pecho negro, cotilleaban en la venta a la espera del cartero –noticias de La Habana, de Caracas, Sto. Domingo, Puerto Rico- A veces llegaban algunas *perritas en los giros, otras mentiras piadosas, otras añoranza y suspiros.

Las mujeres de negro estaban de duelo, su negro de luto, no fue de entierro, no enviudó con la muerte mas si con la sal que empujó al barco y llenó al viento de las algas del puerto, del arrorró de los niños que tiraron del pezón sin hombre. Allá donde la tierra frondosa se alzaba al trabajo de sus hombres los alegraba la mulata, la nativa, la blanca, allá donde el sol era más húmedo y el calor más lento, crecieron otros hijos con zapatitos nuevos y otras mujeres llenaron sus callos de placeres y sueños.

Rebuscando entre mis gavetas prohibidas me encuentro, pasando mi duelo, telas negras aún cubren mi cuerpo, no fue mi hombre isleño el que pisó un caribe de esperanzas y anhelos, fui yo que enviudé buscando ser pasajera sin barco, anclada en este cachito de suelo de papas, pescado salado, higos picos, plátanos con gofio y vino fresco. Cincuenta años después soy una mujer vestida de negro, con hombre, con hija y ahora siempre mirando al desierto.

(*) Perritas.- dinero

Por Chajaira en La Laguna a trece de abril de 2008

lunes, 23 de junio de 2008

EL PENÚLTIMO PASO


Parece que ya no vendrá nadie, bueno, ella llegó, la Vejez, aunque no me la esperaba tan pronto, aún no tengo ni cincuenta y sin embargo recuerdo a mi mamá sentada junto a la mesa de la cocina mientras se apretaba ligeramente la piel de las manos y ésta no volvía a su sitio rápidamente, como me pasaba a mí al imitarla en mi mano regordeta y tersa. Me decía, que a su madre también le pasaba, ella también fue niña y su madre vieja en la cocina de la casa.
Mi hija tampoco viene ya y no podré mostrarle el truco para darse cuenta de cuando es mayor, tan mayor que la piel se seca, se arruga, se mancha.
Si no fuera por ti, ¡¿Qué sería de mí?!, tan sola. Nuestras charlas me animan, dan sentido a lo que fui y puedo seguir valiéndome de tantas imágenes que aún la locura ¿me llaman loca, verdad? no ha borrado.

- Sí, te llaman loca, porque estás loca.
- A veces eres muy cruel conmigo, lo sabes.
- No es crueldad, es sinceridad, mírate, echa un vistazo a tu alrededor ¿dónde crees que estás?
- No me impresionas, estoy donde los hombres no dan explicaciones, eso no es locura, es descanso para el alma, así de sencillo.
- Pero la soledad te carcome en los silencios.
- No, eso no, ahí estás tú, para recordarme que el silencio no existe.

Escucha los gorriones, qué harán cuando llegan a viejos, las plumas no se arrugan. Mi mamá tenía muchos pájaros en una enorme jaula: canarios finos y bastos, pericos y una parejita de una especie africana, chiquititos, lindos, grises, preciosos, con un antifaz rojo, realmente bellos; no cantaban, la tristeza de la jaula, no criaban, la dureza del exilio. ¿Soy yo un pájaro? No puedo serlo, no me gustan, cómo no gustarse ser uno mismo; realmente es imposible que sea un ave sin vuelo. Tengo piel, seca porque doña Vejez ha venido a visitarme.

- Tú lo que estás hecha, es una pájara.
- De papel de seda.
- De sesera.
- Te pones realmente insoportable.
- Puede ser, es lo que tiene estar siempre contigo.
- Pues vete.
- Sabes que no soportarías estar aquí sin mí.
- Da igual, dicen que mejor solos que con mala compañía.
- No es el caso.
- Siempre con la palabra oportuna.
- Lo dicho, la cercanía que da para mucho.

Me encanta como huelen los cristales de las ventanas cuando llueven, me da verdadero placer pegar la nariz que se me pone helada. Ja, ja, ja, ja. Tócala, es maravilloso estar alegre cuando el resto del mundo llora, ¿no te parece?. Tienes toda la razón, no sería nada sin ti más que un manojo de recuerdos que poco a poco irían acabando conmigo. Mamá siempre se estaba riendo, aquella increíble sonrisa, esos ojillos vivarachos y su precioso pelo ondulado y blanco, pero a mí no podía mentirme, ella no tuvo a nadie, como yo te tengo a ti. Creo que me temía, le daba miedo mi dureza, si pudiera verme ahora lloraría como el resto del mundo. ¡Mira! ¡Es increíble! ¡Graniza! Es una lástima que hayan rejas en las ventanas. Ella nunca puso rejas, ni pasó la llave, ni forzó demasiado los pestillos.

- Por alguna razón se sentía segura, aquí es diferente.
- ¿Por qué tiene que serlo?
- No hay madres que protegen hogares.
- Pero habemos madres, eso sí.
- Deberías arréglate un poco el pelo, ahora que no llevas melena es más fácil.
- Mi pelo... He perdido tantas cosas...

Ni siquiera me parezco a mamá, tengo el pelo más baboso, más gris, aunque tengo muchas cosas de ella. Recuerdo que a ella también se le hacían estos anillos en el cuello ¿los ves?. Cuando nos hacemos mayores parece que la cara nos crece. Ahora soy solo cara. Uh, uh, uh, apenas se me ven los ojos en mi faz de pantana. ¡Ah! el cuerpo de gallina, recuerdo bien que siempre me decía que tenía forma de gallina, la barriga grande y las piernas flacas. No, en eso no, soy diferente. No me gustan las aves, no puede serlo, una debe gustarse.

- Estás como una cabra.
- ¡Oh! sí, siempre lo estuve. Eso si pude serlo. Y mi baifito ¿tú sabes dónde esta?
- Tu hija ha desparecido, como todos, ya no quieren verte.
- Es que me he vuelto una cabra con el hocico grande y la piel seca.
- Definitivamente estás más pa'llá que pa'cá.
- Por eso me quieres.
- ¡Cómo no quererte! Soy Tú ¿Recuerdas?



Chajaira en La Laguna a 21 de junio de 2008

domingo, 22 de junio de 2008

ARTESANOS DEL SILENCIO


Nudos,
grilletes al color cuando te miro,
ausente en la distancia y el aroma,
arropando la sombra y el silencio.

Lazos,
arrugas traviesas de vestidos,
aireadas las enaguas de los versos
y tú, enroscado a mis palabras.

Ato,
la traviesa risa de la espera,
con hojitas de menta y de tabaco,
al suspiro del café en la taza seca.

Uno,
nuestros hijos en traperas desgastadas,
echando en ella la paciencia y te busco,
para hallarte, en senos tibios y lejanos.

Ato nudos, uno lazos,
aferrada a estas sedas invisibles,
y te toco, y te siento, mas
en el alba ni en la noche me tejiste.

Chajaira 06/04/2008